Opinión a Dos Voces

Dime qué consumes en internet y te diré cómo diseñas... o peor, cómo copias

De la arquitectura de pantalla y algoritmos a la pérdida del rigor espacial en la era de la inmediatez.

Seamos honestos: para gran parte de la comunidad profesional de la construcción, navegar por las redes sociales se ha convertido en la nueva “escuela” o en la referencia principal de diseño. Y escribo “profesional” con pinzas, porque el gremio está cayendo en una trampa sumamente peligrosa: dar por hecho que lo que publica un creador de contenido con millones de *likes* representa la máxima autoridad de lo que se “debe hacer” en la arquitectura hoy en día.

El algoritmo de las redes sociales premia la estética rápida, el asombro de tres segundos y la retención visual. No premia la habitabilidad, ni el confort, ni mucho menos el rigor técnico. Entendemos perfectamente que en la actualidad ser visible es indispensable, pero la inmediatez por ganar seguidores está generando una epidemia de copias superficiales que terminan materializándose en obras de pésima calidad.

Este afán de copiar por moda, sin entender el proceso constructivo ni el contexto, no es un fenómeno nuevo, pero la velocidad digital lo ha exponenciado a niveles alarmantes. Para entender la raíz de este mal, vale la pena mirar un gran ejemplo histórico en nuestro país: el famoso acabado martelinado de Teodoro González de León.

En los años noventa, la imponente obra de Teodoro inspiró a muchísimos despachos que intentaron replicar ese martelinado espectacular. Sin embargo, la fórmula parecía tan “fácil” que decidieron recortar camino: simplemente añadían gravilla convencional a sus mezclas de concreto y luego lo picaban. El resultado fue un fracaso rotundo. Nuestras ciudades se llenaron de fachadas grises deplorables que atrapaban suciedad, envejecían de la peor manera y obligaban a los propietarios a gastar fortunas en mantenimiento y pintura para intentar salvarlas.

Lo que esa ola de copistas ignoró por completo es que el verdadero acabado de Teodoro no consistía en “echarle piedritas al cemento”. Detrás de su obra había una rigurosa mezcla de laboratorio formulada con grano de mármol y un pigmento específico; al martelinarlo, la piedra pura quedaba expuesta, logrando que el muro jamás requiriera una sola gota de pintura en toda su vida útil. Copiaron la foto de la revista, pero ignoraron la ciencia y el proceso.

Hoy en día, la pantalla nos vende fachadas con filtros digitales que en la realidad espacial resultan deplorables. Mostrar contenido masivo sin una curaduría real no es democratizar el diseño; es simple vanidad.

La imagen no es el proyecto: El diálogo con Ricardo Saslavsky

Para ponerle nombre y apellido a estas prácticas y profundizar en la crisis de la “arquitectura de pantalla”, platicamos en vivo en LIVE radioarq con el arquitecto y editor Ricardo Saslavsky. Con una trayectoria que transita desde la época de la mítica revista *Enlace* en papel hasta el actual ecosistema digital, Ricardo aportó una perspectiva refrescante sobre cómo enfrentar la marea de imágenes que hoy abruma a clientes y diseñadores por igual.

Durante nuestra charla, pusimos sobre la mesa esa situación que a todo profesional le ha tocado vivir: el cliente que llega, te pone el teléfono en la cara con un video de TikTok o Instagram y te exige una copia exacta de lo que ve en la pantalla. Ante esto, Ricardo compartió una reflexión clave:

“El problema no es el cliente que traiga una imagen. El problema es creer que esa imagen ya es un proyecto. Antes el cliente llegaba con una revista recortada, después llegó con una carpeta de recortes, luego con Pinterest y hoy llegan con Instagram o TikTok. El fenómeno no es nuevo; lo único que cambió es el medio”.

Para Ricardo, el papel del arquitecto no debe ser el de un copista obediente, sino el de un traductor de necesidades. En lugar de cerrarse y decirle al cliente *”eso no se puede”*, la verdadera labor reside en descifrar el subtexto de la imagen:

“Mejor pregúntale qué le gusta de eso. Quizás te está enseñando una cocina espectacular de mármol, pero lo que realmente le gusta no es el material, sino la luz, la sensación de amplitud, el orden o el estilo de vida que esa imagen le representa. Ahí entra el arquitecto: tu trabajo no es copiar la fotografía, sino entender qué necesidad hay detrás de ella y traducirla a su espacio, a su presupuesto y a su manera de vivir”.

Aprender a preguntar y el peligro de no tener nada que imaginar

En una era donde el acceso a la información es infinito, la habilidad más importante del arquitecto ya no es la acumulación de referencias, sino el criterio para filtrarlas. Ricardo fue enfático al señalar que una de las herramientas más valiosas de nuestra profesión es aprender a preguntar.

Diseñar a través de preguntas abiertas nos permite leer entre líneas para entender qué hay en el corazón y en la mente del cliente: a qué le tiene miedo, qué anhela y cómo habita realmente. Copiar una estética sin este entendimiento profundo está destinado al fracaso:

“Copiar no te garantiza que vas a tener el mismo resultado. Puedes tener dos restaurantes con materiales idénticos: en uno te vas a sentir extraordinario y en el otro horrible. ¿Por qué? Porque la arquitectura no son objetos o elementos aislados; es un conjunto de proporciones, luz, acústica, circulación y contexto. Puedes comprar todos los ingredientes de una buena arquitectura y, aun así, cocinar un pésimo proyecto”.

De ahí se desprende una de las frases más potentes de nuestro conversatorio: Una referencia puede ser un muy buen punto de partida, pero lo peligroso es cuando la conviertes en un punto de llegada.

Ricardo propuso que el verdadero “nuevo Teodocreto” de nuestra época ya no es un material mal aplicado, sino un método de diseño defectuoso: copiar la apariencia y la forma del primer plano sin comprender las razones de fondo que originaron el proyecto.

“Antes, el arquitecto tenía muy pocas referencias y tenía que imaginar mucho. Hoy, tienes millones de referencias a un clic de distancia, y el gran riesgo de eso es que te queda muy poco que imaginar. Las tendencias siempre han existido, pero antes tardaban años en propagarse a través de revistas o viajes. Hoy, una imagen recorre el mundo en segundos. El problema real es la velocidad con la que reproducimos estas modas antes de saber si funcionan o no”.

Nadie diseña en el vacío: De la imitación a la evolución

Es fundamental trazar una línea clara entre lo que es la imitación ciega y lo que es la inspiración genuina . Absolutamente nadie diseña en el vacío; todos los grandes maestros han tenido influencias y han partido de referencias existentes . El mismo Teodoro González de León reinterpretaba sutilmente elementos históricos —como la geometría monumental del Arco del Triunfo en París para proyectar Arcos Bosques.

La diferencia radical, como nos comentó Ricardo, radica en el proceso de maduración:

“Todos copiamos algo en algún momento. El arquitecto más profesional es el que verdaderamente logra transformar esa referencia visual, ese recuerdo, para que deje de ser una copia y empiece a convertirse en una decisión propia. El ‘efecto Teodocreto’ es copiar la solución sin entender el problema que la originó”.

El gran error de los jóvenes diseñadores no es consumir mil proyectos en redes sociales; al contrario, entre más cultura visual tengan, mejor. El error es consumirlos de manera pasiva, como meros espectadores de aparador, sin preguntarse jamás cómo y por qué funcionan.

Diseñar para el futuro de las personas, no para la foto de la inauguración

La arquitectura de pantalla nos empuja a diseñar para el instante: para el render perfecto, para el video vertical de 9:16, para la foto de la inauguración. Pero la realidad de la obra construida es implacable y, como bien recordaba Ricardo citando al propio Teodoro González de León: “Hay que tener cuidado porque la arquitectura es dura y dura… si haces una porquería, ahí se va a quedar por cincuenta años y todo el mundo la va a ver”.

Esta falta de respeto por la permanencia y el rigor arquitectónico no solo se ve en las obras nuevas; también se manifiesta en la alarmante desvalorización de nuestro patrimonio construido. Durante el LIVE, Ricardo expuso el triste caso que actualmente sufre el complejo de Arcos Bosques en la Ciudad de México. En aras de un supuesto valor comercial y publicitario, los propietarios han alterado la pureza monumental de la obra de Teodoro González de León colocando pantallas gigantescas y permitiendo que locales comerciales intervengan el espacio sin ningún rigor estético, transformando una obra maestra en un caos visual repulsivo .

No debes diseñar para la foto de la inauguración; debes diseñar para el futuro del edificio y, sobre todo, para el futuro de las personas que van a habitar ese espacio”.

La arquitectura viva cambia y evoluciona, eso es natural y válido. El problema es cuando esas transformaciones se hacen desde la ignorancia o el capricho comercial, ignorando a los autores, a la academia y al gremio, despojando a la ciudad de su memoria colectiva.

Volver al restirador: Rigor frente al algoritmo

El verdadero lujo y la buena arquitectura jamás van a residir en la extravagancia del material ni en la cantidad de likes que reciba un render mentiroso en TikTok. Una simple silla de madera de pino, con proporciones perfectas, un ensamble impecable y diseñada con rigor ergonómico, siempre tendrá una calidad arquitectónica infinitamente superior a una silla de caoba carísima pero incómoda, diseñada solo para verse bonita en una foto de Instagram.

La diferencia no es el presupuesto: es la creatividad, el estudio, el rigor y la honestidad de quien diseña.

Dejemos de proyectar para complacer al algoritmo digital y volvamos a diseñar para los seres humanos que van a caminar, habitar y vivir esos espacios. El internet es un catálogo asombroso, sí, pero el criterio y la sensibilidad siguen requiriendo de lápiz, papel, escucha atenta y, sobre todo, muchísimo respeto por el oficio.

Agradecemos especialmente al arquitecto Ricardo Saslavsky por compartir su tiempo, sus valiosas reflexiones y su generosidad intelectual en esta enriquecedora sesión de LIVE radioarq.

Editorial:
Radio Arquitectura | Fabián Del Valle 

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